La mujer gorda no lo piensa dos veces al encarar el celular. Crispada pero decidida, se dispone para el enésimo mensaje.
Esta sola en la semipenumbra de su casa, bajo la mortecina luz de una lámpara.
-¡Pino, tenés que contestarme, estos mierdas ahora viene por mí, tenés que ayudarme en este trance!. Aunque sea por lo que vivimos juntos, ahora todos me dejaron sola, hasta los de mi partido. ¡Acordate de aquellas charlas en Punta del Este!. Cuándo se da cuenta de que es inútil y que le habla a un contestador, se deja caer en la poltrona, que heroicamente resiste, aún al límite de su resistencia.
Recuerda con dolor los tiempos felices, cuando en ese mismo living, recibió a las cámaras de la televisión, para filmar un reportaje a dos peligrosos sicarios del narcotráfico presos en cárceles de alta seguridad. Claro, en aquel momento el vértigo era tal que todo lo imaginado era posible.
Recordó también todas las maniobras. Le encantaba su papel de fiscal republicana, recta, incorruptible, fatal y despiadada. Hasta llegó a creer en él. Sentía que encarnaba la indignación de tanta gente honesta. Le gustaba el ejercicio del poder, sentir que sus palabras y actos eran como flechas certeras que llevaban violenta justicia. Amaba casi tanto al personaje como al poder, y siempre compatibilizó a ambos. se repetía a sí misma una y otra vez qué la honestidad requiere de la mentira para completar su cometido. Pero también sentía como astillas en su cuerpo cuando siempre los candidatos, los elegidos eran otros. Su resentimiento crecía sin parar, y se dijo: "tengo que concentrarme en un objetivo a destruir, eso me va a permitir contenerme, y no explotar".
Esto funcionó durante un tiempo, solo ocurrieron algunos chisporroteos con el poder, pero se pudo contener. Hasta aquellas elecciones de medio término creyó que el tiempo inaugurado era como un reich de mil años.
No le prestó demasiada atención a los primeros síntomas de cambio en clima social. Los primeros fallos adversos de jueces díscolos no la tomaron por sorpresa, pero no les adjudicó gran importancia, más bien los consideró hechos aislados.Tampoco le dio importancia a la presión internacional que generaron los presos políticos.
Pero ya fue duro lidiar con un congreso cada vez menos complaciente. Las amenazas de juicios políticos fueron cada vez menos testimoniales. Fue una de las principales impulsoras del uso de las fuerzas represivas a como diera lugar.
La ruptura con el gobierno fue paralela al derrumbe del consenso en las capas medias. Hasta la prensa más recalcitrante empieza a hablar de la necesidad de un cambio. La corrupción se torna imposible de contener, y de tapar. Sintió con alarma la voz hostil de un taxista que le descargó todo su odio. Ahí se dio cuenta de que los buenos tiempos habían terminado. Estaba en el llano y era muy vulnerable. Y se había convertido en un fusible, ya no era la reserva moral, el necesario recambio. Estaba sola.
Ahora esta sola. La resolución del juicio político al presidente es de sombría resolución. Todavía siente el reflejo actuar, pero piensa dos minutos y descubre que le importa poco. Que siempre lo consideró un mequetrefe un poco tonto. Una especie de Robin, siempre pendiente de un Batman.
Pero la gente en las calles es lo que más la perturba.
Y piensa, piensa en aquel jubilado que se baleó en Mar del Plata.
Y sigue pensando...
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