martes, 22 de noviembre de 2011

De Fanon a Ferreira

reproduzco sin más escrito de CARTA ABIERTA: No puedo agregar nada.

CARTA ABIERTA/10 Por una tierra sin condenados

En medio de las grandes esperanzas, sucede nuevamente el penoso acontecer de la sangre derramada. El asesinato de Cristian Ferreyra es un hecho de inconmensurable gravedad. Afecta nuestras vidas no sólo porque nuestras vidas son de por sí afectadas por una memoria bien conocida, sino porque en cada una de estas muertes inocentes surge a bocanadas el signo de una historia irresuelta e injusta. Son muertes inocentes no porque en estos luchadores no haya alguna vez un hierro candente en la mano o un puño que se cierre sobre una piedra. Son inocentes porque son muertes que nos siguen diciendo que una porción enorme de la historia argentina, ni siquiera en esta época propicia, consigue tener un balance templado y equitativo. Esta época no ha sido esquiva en generar justas reparaciones. Por el contrario, sus políticas tienen el signo de una cabal apuesta por la ampliación de la igualdad. Por ello mismo, debe ser propicia para mencionar estos hechos que le son extraños o anómalos. Ferreyra es un nombre que surge de un anonimato tranquilizador, pero es el nombre de las cosas referidas al hierro, que de repente nos recuerda que somos mortales, seres precarios, que sólo tenemos nuestra muerte para representar toda una época entera con un fogonazo inesperado. Vivimos en ese sentido, todavía, en una época de hierro o con disyuntivas de hierro. Ferreyra, que era un militante de un movimiento social de autodefensa campesina, representa una larga historia. Es una historia que remonta por lo menos al siglo XVII, donde las comunidades indígenas cuyos nombres nos son vagamente familiares o desconocidos –cacanes, calchaquíes, ologastas, lules, vilelas, capayanes, famaifiles, fiambalás, colozacanes, andalgalás, quilmes, pacciocas-, podían entrar en guerra entre sí, aliarse de diversas maneras a los españoles o protagonizar sangrientos levantamientos que el ejército de los colonos españoles reprimía con saña, pero no sin esfuerzo. Es así que en 1632 el cacique Chemilyin pone sitio a ciudades importantes de La Rioja desviando el curso vital de los ríos, y pone cerco a la ciudad de Londres, llamada así en homenaje a la esposa de Felipe II, que era inglesa. Son historias lejanas, que se hablan con nombres extraños y pronunciados en otros idiomas. Pero el secreto de la historia, es que siempre es lejana hasta que un hecho de sangre acerca todo un material que parecía perdido para alimentar una acostumbrada brutalidad, que es milenaria y es también de nuestros días. Cristián Ferreyra habla de las modernas luchas por la tierra y habla también de luchas muy antiguas. No es necesario que imaginemos un pasado pulcro e incontaminado. La guerra y la violencia imperaban entre etnias cercanas, que podían unirse con el español o aliarse contra él. Por eso, sin una noción de lejanía indiscernible y heterogeneidad sorprendente no nos podremos hacer cargo de esa historia. Y debemos hacernos cargo hoy en un sentido reivindicativo respecto a la justa tenencia de las tierras campesinas, el respeto de los bosques y la crítica a una expansión agraria a fuego y escopeta. Sabemos que esa historia llega hasta nosotros, pero no llega de cualquier manera, sino a través de muchos cortes, disoluciones y desvíos. Llega a través de un hilo frágil e impuro, porque no es una historia de purezas ni de identidades contundentes. Pero llega de una forma dramática cuando ocurre un asesinato, y vuelven nombres que los siglos parecían haber acallado. Son campesinos que tienen su tierra amenazada. Son los campesinos en los que resta aún un filamento étnico muy antiguo. Surge el nombre de la etnia lule, vinculada ahora al moderno problema de las tierras. Son nombres que reaparecen cuando actúan el capanga, la policía rural dominada por las peores lógicas de los empresarios, pequeños o grandes de la tierra, vinculados a una irresponsable clase política; son nombres de pueblos y de lenguas muchas veces extinguidas, o con pobres vestigios que llegaron hasta nosotros, como los sanavirones, los tonicotes, los diaguitas, que en muchos casos conocían rudimentos de metalurgia, como parte de la gran civilización del maíz y del zapallo, del algarrobo y del chañar. Algunas de ellas son palabras legadas por estas culturas, otras provienen del nombre que le sobrepuso el idioma que hablamos a otros idiomas que se han perdido, pero vuelven a tocar nuestras puertas con un mensaje inequívoco, donde pueblos antiguos que se llamaban de modos que hoy ya no son audibles, vuelven por lo suyo bajo una denominación genérica que estamos en condiciones de comprender muy bien. Porque es el pueblo argentino, hecho de la fusión de miles de otros pueblos, y que se elige ahora con ese nombre también para señalar que la expresión pueblo argentino, entre tantas otras significaciones, es un resumen de tareas pendientes, reformas sociales profundas, esperanzas en una nueva sociedad. Tiene que ser en esta época y no en una próxima estación nebulosa e indeterminada, que se solucione el problema de tierras en la Argentina y que se consideren los planes agroalimentarios no como sinónimo de desbaratamiento de los montes sino de soberanía alimentaria. Es un problema multisecular, que queda en penumbras hasta que un asesinato lo ilumina. Del mismo modo, el asesinato de Mariano Ferreyra iluminó como una chispa al costado de las vías, la realidad oscura de la tercerización. La superposición de nombres es casual, la acumulación histórica de los problemas no lo es. En ciertos aspectos, muchas comunidades campesinas del país son ahora contemporáneas de los encomenderos, de la mita y del yanaconazgo. Pero también son contemporáneas de las grandes utopías arcaicas, como el regreso al ayllu, a la Nación Calchaquí o el Reino de los Quilmes, que forman parte de un lenguaje posible pero quizás reacio a ver las grandes herencias de injusticia reparadas a la luz de los que les debe ahora la nación moderna. No obstante, hay que decir que la expansión de la frontera sojera no es sólo una forma de la economía sino también puede ser en estos casos la expansión de la propiedad por la sangre. La avidez de un capitalismo depredador, la irresponsabilidad de inescrupulosos empresarios que siquiera son grandes propietarios, vive su medioevo de conquista con esbirros que eligen el camino del victimario porque saben que ellos son también víctimas potenciales. El gran capitalismo agropecuario tiene su mirada en la Bolsa de Chicago, en las operaciones políticas de gran escala, en los secretos de los gabinetes químicos que perfeccionan la semilla transgénica, nuevo padrenuestro de una teología que sin tener santidad tiene a Monsanto, mientras empresarios voraces, pioneros cautivos de un clima de mercantilización de todas las relaciones humanas, se comportan como forajidos de frontera, escapados de otra época, pero tiñendo de una agria tintura este momento histórico que aunque les es heterogéneo, caen en la incongruencia de querer apropiarlo. Cada vez que recibimos noticias infaustas, como la muerte de un miembro de la etnia Quom, de las muertes del Parque Indoamericano o las que corresponden al Ingenio Ledesma, parecen hojas lejanas de periódicos escritos por un alucinado que equivocó la periodicidad histórica. Pero no, son hechos que oscurecen nuestro presente, este mismo presente promisorio, con una lógica única e implacable: son una estructura de procedimientos insociales. Corresponden a una epistemología completa de negocios que mantiene cerrado el acceso democrático y posible a la tierra tanto rural como urbana, que comienza con genéricos intereses que podrán hablar de “sociedad del conocimiento” o “biocombustibles” mientras una disputa por 17 hectáreas de una empresa que posee 160 mil, causa tres muertes. Recordemos aquella ocasión: murieron dos ocupantes de tierras, uno de ellos apellidado Farfán y un policía, también Farfán, sin parentesco con el anterior. Hay una doble certeza aquí. Primero, la insensibilidad de los nuevos y grandes negocios que han tomado a la vieja industria de la caña de azúcar, que es un caso que tiene diferencias con la soja, pero muchas semejanzas, generando un capitalismo que fabrica combustibles con lo que anteriormente se producían materias primas alimenticias, que en el aspecto de las relaciones laborales reitera muchas conductas de la época de Patrón Costas. Y segundo, que las luchas por la tierra, tan viejas como la historia de la humanidad, enfrenta a pobladores con policías patronales, en escaramuzas lamentablemente muy frecuentes, donde mueren los hijos de la tierra, extrañados de ella ya sea porque son expulsados por los sicarios de la nueva renta agraria en complicidad con jueces o mandos policiales y políticos, o porque deben vestir el uniforme de los que son enviados a la primera fila de la represión. De allí que los más viejos apellidos de la historia de estas tierras puedan llegar a matarse entre sí, como parte de una oscura astucia de la razón capitalista. Debe darse fin a esta situación con una nueva ley de tierras ecuánime y democrática, que las mida con los teodolitos de la justicia social, esos mismos teodolitos que empleó el ingeniero Raúl Sacalabrini Ortiz y más atrás en el tiempo, el ingeniero Germán Ave Lallemant, ingenieros sociales y medidores de tierras al servicio de los pueblos. Una ley que frene la especulación, reconozca los derechos de los antiguos pobladores y cree una nueva conciencia colectiva respecto a una productividad que se equilibre con la naturaleza y no que la deprede sistemáticamente. No es aceptable que crímenes que ya asumen un carácter serial, no tengan adecuado tratamiento por el hecho de que en su ramificación ostensible, afecten a miembros de las clases políticas que mientras juegan con ademanes clientelistas, con una prestidigitación complementaria, protegen los grandes o medianos negocios con las brigadas policiales que deberían cuidar el usufructo equitativo de la tierra. Ya muchas organizaciones sociales, políticas y de derechos humanos, como el CELS, el Movimiento Evita y La Cámpora se han pronunciado. Las muertes que puntúan este período político, más dolorosas porque son en éste y no en otro, son alusiones de sangre a problemas irresueltos de la misma estructura histórica de este pedazo universal de tierra que llamamos Argentina. Algunos son problemas recientes, como los que provinieron del desguace ferroviario y la conversión en vidas precarias de miles de trabajadores que comenzaron a llamarse precarizados. La Argentina no puede ser un país que fabrique vidas precarias mientras habla de nuevas posibilidades tecnológicas. Otros problemas tienen una complejidad propia de la escena que sabemos interpretar y festejar como propia de un horizonte nuevo. Los dilemas entre la gestión de Aerolíneas, que apoyamos, y la acción de estamentos laborales cristalizados, es un tipo de conflicto nuevo que debe contar también con nuevas definiciones. El ámbito que afirma y acoge hoy a millones de esperanzas en el cambio debe llevar a una sociedad más justa y despojada de sus viejas ataduras de coerción, que también tiene su correlato en toda clase de trabazones mentales. No es fácil darle nombre al tipo de sociedad que queremos, y ciertamente, ese nombre nuevo aparecerá cuando se pronuncie colectivamente, en el interior de la conciencia de miles y miles de personas, y en el interior de un gran autodescubrimiento colectivo. Por el momento, tenemos que pensar que cada uno de estos conflictos dirige nuestra atención a cuestiones urgentes: a darle facultad soberana territorial a los movimientos sociales que expresan viejas reivindicaciones campesinas, alargando la mirada sobre los problemas de subsistencia de poblaciones enteras cuando la lógica del agronegocio no tiene contenciones; y por otro lado, a crear un horizonte político que con más sabiduría pueda intervenir en conflictos como el de Aerolíneas, donde viejas fuerzas reaccionarias siguen al acecho, esperando demostrar que una generación nueva no es apta para gestionar en altos niveles de responsabilidad política y tecnológica. Pero esa capacidad ya ha sido demostrada, ahora hay que demostrar entre todos que cuando decimos que hay cosas que faltan, no sólo se trata de problemas conocidos o deducibles de lo que quedó pendiente de un trayecto anterior. Lo que falta no es un problema de restas y sumas, sino de imaginación política. Son problemas que muchas veces no tienen definición adecuada en nuestro lenguaje y que no se descubren tan magnánimamente ante nuestra supuesta destreza política. Son problemas que aparecen muchas veces, desdichadamente, bajo el rostro del asesinato social, comprimidos en los pliegues históricos mal ensamblados del país, como placas tectónicas que se desacomodan y que apenas nos dejan ver un hecho de sangre, que significa mucho más que la crónica policial con la que muchos intentan encubrirlo. Al principio de la esperanza no lo asegura ninguna ley ni está escrito con marcas de hierro por la historia. Vive apenas en la imaginación colectiva y es frágil, aunque cuando se reconoce en millones tiene la fuerza de un llamado. A partir de allí comienza la política, dándole a la gestión y a las tecnologías las virtudes de un frente social novedoso que las recubra con los contenidos de eticidad de las democracias avanzadas, y si estas definiciones sirven, será para poder pensar e inscribir en nuestra esperanza de cambio, tanto a la defensa de la empresa pública de aeronavegación como a los condenados de la tierra. 21 de noviembre de 2011

jueves, 27 de octubre de 2011

La Plaza (y el significante vacío)

Plaza: Espacio urbano publico, amplio y descubierto.
O por lo menos así dice el  diccionario. Y la verdad, que cómo amplia, es amplia.
La iluminación nocturna habitual lava todo de blanco, es casi aséptica.

 Pero el domingo por la noche no: La escena era oscura en la superficie de la plaza.
 La luz no llega al suelo, se pierde en algún lado, probablemente enredada entre miles de banderas con mástiles de plástico, o algunos más largos hechos con tacuaras. Probablemente también la multitud de cuerpos absorban el remanente lumínico, cuerpos golosos, henchidos de luz para sí.

Decía entonces que la semipenumbra creaba una intimidad colectiva, porque eramos muchos. Cómo los gatos todos éramos entonces pardos.
Es cierto que el fervor no era el de entonces, pero es algo distinto, algo así como la marca  de estos tiempos. No tenía impronta bélica, ni marcial. No había cordones humanos que protegieran las columnas de infiltrados enemigos. Tal vez porque no había enemigos (a la vista). Y las columnas eran algunas, pero había muchísima gente en pequeños grupos, ya sea familiares o juntados por algún rasgo común: el trabajo, la comisión interna, el grupo de estudio o el taller.
No estaba todo apretado y se podía recorrer toda la plaza con muy poca dificultad. Es más, la gente iba y venía, unos llegaban y otros salían permanentemente. La movilidad también distinguió a esa noche, había mucho movimiento.
El viento también se movía, y llevaba y traía  una nube amigable con olor a choripán. Los vendedores de cervezas recorrían  el ágora con una velocidad pasmosa. ¿Cómo harían para  tener tan frías esas latas?
Cada tanto se disparaban salvas de fuegos artificiales.

En varios puntos había emplazados escenarios, que competían con el principal. Las músicas se diluían al caminar unos pasos, permanentemente se metía uno en espacios diferentes del mismo espacio.
La cualidad dominante de estar ahí era de un carácter onírico. Supongo que de eso están hechos  los sueños.

Me encontré con dos colegas rubios y judíos que comentaban cosas a viva voz, con fuertes risotadas.
Una pareja de lesbianas se besaban abiertamente, delante de una familias de cabecitas negras, con cochecito de bebé incluido.
Un heavy viejo sudaba una antediluviana remera negra de metallica,
 mientras saltaba al ritmo de unos sikuris jujeños,
que actuaban al amparo de la columna de Milagros Salas.
Banderas con los multicolores cuadriculados de los pueblos originarios. Muchas señoras de clase media que se animaron a abandonar el rellano de su casa en Floresta, o Chacarita o...
Algunos integraban los grupos de 678 facebook, exhibiendo esa entrañable fealdad querida, como diría la Sarlo.
Por supuesto, ahí estaban los jóvenes setentosos ostentando sus sesentas (y picos), y se hermanaban con los camporistas impúberes, con sus discursos y sus raros peinados.
La heterogeneidad campeaba en la "Campora".
Era como que no había que ser nada más que lo que uno era.
Era una fiesta.
La vida (y las vidas) transcurrían, con gloria, pero sin negar las penas.
La Plaza estaba llena. pero habia un significante que insistía: "Cristina".
Buenas Noches

viernes, 22 de julio de 2011

¿Y mañana serán hombres?

Yo no se si ustedes miraron la cara de Messi, durante el partido contra Uruguay. Era la misma que puso contra Bolivia. Y tambien  en el partido contra Costa Rica. Es impenetrable, si se lo mira bien.
Pone la cara que hay que poner para parecer que no parece nada. ¡Y que bien lo hace!
Pero la verdad es que no me termina de cerrar esta cuestión de Messi. ¿Es o no es el mejor del mundo?, y en caso de que la respuesta sea afirmativa: ¿Por que no lo demuestra en la selección de su país?
Las respuestas suelen ser variopintas. A saber:

1° Los técnicos argentos no lo ponen en la posición en la que Leo se siente más cómodo. Puede ser, diría uno. Pero si lo seguimos en el Barcelona nos encontramos con que despunta en varios puestos, algunos de ellos bastante dificiles de definir a partir de los esquemas más o menos clásicos. La verdad es que allí esta donde tiene que estar para rendir mejor, y no siempre es la misma posición. Es más, se podría decir que su éxito en el Barsa tiene que más que ver con esto, con lo inesperado, aunque tambien es letal con la de él: recibiendo cerquita del área chica ligeramente a la derecha y sacando un cañonazo potente y muy bien dirigido.

2°Es un:
a- Pecho frío
b- Canuto. Se cuida las piernitas para seguir facturando a lo loco en Cataluña.
c- No canta el himno. No es un patriota. Carece de sentimientos nacionalistas. Siente tanto a la celeste y blanca tanto como al folclore de Tailandia.
d- b y c son correctas
e- Todas son correctas.
Muchachos, el pibe sigue participando, nada le impediría hacer como los tenistas que se excusan para no ir a la Davis.

3°Le arman un equipo alrededor de él. Todo en el Barsa esta en función de la "Pulga". Se conoce con sus compañeros hasta en los más mínimos detalles.
Puede ser, pero también los demás jugadores del Barcelona tienen su personalidad. No son una comparsa de Messi. El último mundial jugaron sin él y ganaron. ellos solos, fueron una maquinita igual.


Pero, qué quieren que les diga, a mi me sigue llamando la atención la cara. Esa inexpresividad. La mirada por momentos torva. Difícil encontrarse con esos ojos. Estan muy escondidos, muy adentro de la cara.
¿Estará siempre calculando? Sus declaraciones son siempre exactas. Messi es mesurado.
¿Sería muy arriesgado sugerir que Lio es un engranaje en una máquina de precisión? Tal vez sea el engranaje más caro e importante. Pero no deja de ser una pieza más.

Hay clubes y equipos, en los que los jugadores parecieran no serlo. Y el Barsa es uno de ellos. Jugar, responde (al menos en su etimología), al juego, a lo lúdico. Y eso es lo que menos aparece por allí, por las playas de Barcino, diría el Hidalgo.

Pero la cara del pibe, la otra cosa que expresa es perplejidad. 
¿Cómo hago para transformarme en un lider de la selección, si lo único que puedo hacer es formar una parte de una línea de montaje?.
Porque ahora el fútbol, desde hace muchos años es eso: trabajo industrial, manejo empresarial.
Mucho esfuerzo atlético para vender un producto. Se acabó el arte en el fútbol.
Por ahí sí, mucha destreza y habilidad, pero de arte nada.
Messi es un producto industrial, como un robocop, producido por ingeniería, que fue elaborado con cuidado y precisión, con medios cognitivos y quirúrgicos, desde chiquito.
Fue moldeado exactamente para actuar donde esta, y no en otro lado.
Por eso aunque quiera transformarse en algo más que una maquinita de hacer goles, difícilmente pueda, 
a menos que pueda dejar de ser para transformarse en otro.

No es algo imposible, digo por aquello de deconstruirse.
Pero ¿Querrá?

Buenas Noches

miércoles, 13 de julio de 2011

Elogio del asco

Bueno, ahora si que Fito armó un buen lío. 
Cómo no podía ser de otra manera toda la claque opositora le saltó a la yugular, como si hubiera cometido 150000 parricidios. Y ya están los pleiteros profesionales iniciando querellas amenazando con denuncias.

Pero si bien es cierto que su exabrupto, como estrategia de campaña es deplorable, conviene tener presente que  él no participa de la misma. Ni siquiera es un político.
 Es más, esta es la primera vez que le conozco opinión  alguna acerca del tema.

Claro, en toda la nota lo que sobresale y escalda es es esto del "asco". Porque ofende a la mitad impoluta y virginal, a la que hay que proteger de los embates de la bestia furiosa. 
Pero aparte del asco, dice otras cosas. ¿Las leyeron?, ¿No? Entonces ahí van algunas perlitas. 

Empieza declarando que nuestra Atenas del Plata  nunca estuvo tan poco misteriosa cómo hoy. Y a continuación, cómo justo corolario, señala que nunca tan lejos de ser deseada. ¡Claro, lo que se exhibe plenamente no genera ningún deseo! Y lo que se muestra sin pudor es nada menos que el mercantilismo de globos, que vende por igual libros y hamburguesas. ¡Al que le quepa el sayo, que se lo ponga! Tanto tiempo convenciéndonos de las bondades del mercado, ¿Que tiene de malo vender libros o hamburguesas, acero o caramelos?. Cabe aquí aclarar que si para Fito esto es estar hecho un estropajo, para otros es un Edén, la antesala del paraíso, y todos están en su derecho. También Fito.

Pero la verdad es que es extraordinaria la voltereta existencial, cuando increpa a la mitad del padrón porque prefieren aparentar, a ser. 
Y va más allá, no es que no puedan "ser", es que no quieren. No son sujetos engañados. Quieren eso: quieren no ser. ¿No será esto lo que enojó a los miembros de la otra mitad, y no el asco? No creo que se hayan dado cuenta. 
Asignación universal, paritarias, jubilacion, matrimonio gay, etc., generan subjetividad. Es el 27% que muy claramente quiere ser. 

En el medio Fito aclara: "No quiero eufemismos". Quedate tranquilo, no los hubo. 
Y ahi esta el tema, Fito no esta en campaña. No calcula electoralmente lo que va a facturar después. Se indigna y lo dice. No quiere convencer a nadie. Esa, es tarea de los candidatos, y la verdad es que lo hicieron bastante mal. Y no creo que se gane la segunda vuelta con boludos alegres, tratando de seducir(¿?), a un electorado más preocupado por tener el último vlacverri. 
Tal vez el exabrupto del asco, dé más resultado electoral que la seducción. 
De eso se trata, en este caso, del elogio de lo políticamente incorrecto. 
Buenas Noches