viernes, 8 de marzo de 2013

Virtualidades. (o no tanto)

Créase o no, el espacio-tiempo se mandó una jugarreta. Por obra del azar que nos ampara, dos voluntades ya no materiales se colaron entre los resquicios de la web. Don Juan y John en sus afanes por recibir al compañero cuyo arribo es inminente, fueron suavemente tragados por un flujo de electrones, que los depositó, merced a algún software cósmico, en esta dirección.

-¡Cómo tarda este hombre!, lo esperábamos hace ya un rato largo. ¿Será otra falsa alarma?
-Presiento que no,Don Juan, es inminente, y ya se va a poder dar el gusto de tener con usted al discípulo que más se le pareció...

Bueno, dice/piensa Don Juan,- Es que en cierto modo hay una cierta apropiación de estilo, ya no solo de ideas, ahí puede haber diferencias de matiz (cómo es natural). pero el estilo...
¡Le voy a exigir el pago de los cánones del copyright!

-Claro, John, es difícil que me entienda porque cuando estuvimos abajo nuestras tierras eran tan diferentes...La verdad es que nunca vimos con buenos ojos a su Inglaterra.

-No se crea Don Juan, que yo nunca fui dócil al destino imperial. En su momento devolví la medalla de miembro del imperio a la reina.
 La guerra de Vietnam generó conciencia política, y yo no fui la excepción.

.De todos modos es cierto que las cosas vistas desde fuera del imperio se presentan más brutales, pero mas claras. A pesar de que éramos hijos de la clase baja, que arrastrábamos los estigmas de la segunda guerra, yo casi no tuve noticias de lo que sucedía en países como el suyo.


-Bueno, John, lamento que la vida no nos haya permitido, allá abajo, aunque sea cambiar un par de palabras.Vea, yo por supuesto que los conocía, su grupo musical era muy popular en todo el mundo, pero su estilo provocador no me llamó mucho la atención.
Yo estaba viviendo en España cuando ustedes fueron allí, apenas recuerdo algún comentario de desagrado de mi mujer... ¡Ah, las mujeres! La suya es brava,¿No John?

- Si,es muy inteligente. La culparon por la separación del grupo, pero en aquel entonces yo tenía inquietudes que  no pude compartir con los otros tres. Solo con ella podía hablar de filosofía o política. Además estuve muy enamorado.
 Fueron momentos bastante amargos, descreí de todo, sobre todo de esa gigantesca mochila de popularidad que me devolvía la gente.
 Los que hasta hacía tiempo eran mis ídolos se desplomaban sin remedio. La historia de la India resultó una tremenda estafa. El intento de construir una inmensa empresa no capitalista para generar arte en absoluta libertad fue una catástrofe. Mis tres colegas no me entendían.
 Pero ahí estaba ella, con serenidad e inteligencia, era un bálsamo para mi alma torturada.
Adherí al Maoismo, descubrí el rostro ensangrentado, ya no de un imperio (que en esa época ya era historia), sino de la mismísima maquinaria trituradora, de la cual yo sin saberlo tambien formé parte.

Y ahí si que el establishment se volvió contra mí.
Fuí perseguido por el FBI.
Que un grupo de adolescentes se deje flequillo y adopte actitudes contraculturales no deja de ser algo ya contemplado, sobre todo si se venden discos y merchandising.
Que tome drogas y lo haga público, se puede tolerar.
Pero cuestionar directamente al sistema, aun sin claridad, siendo tan famoso, es para ellos inadmisible.

Gracias a ella pude parar. En mis últimos cinco años tuve lo que nunca en la vida: paz y tranquilidad.
La vida familiar era algo que yo prácticamente no conocía.En todo este camino estuvo ella, y se lo agradezco.
 Pero ya era tarde. Lo que había hecho era imperdonable...


Y aquí estoy,-¿y usted Juan?, parece que también tuvo mujeres de carácter...
-Es cierto, mi primera mujer era encantadora, yo en aquel entonces casi no tenía vida pública. Fueron momentos felices, pero ella era  muy joven, demasiado joven. Y así, joven se fue.
 De la última prefiero no hablar.Afortunadamente ella tampoco.

Pero la del medio,¡Ah, que mujer!
Me fascinaba esa inteligencia visceral, que provenía de las emociones. No se olvide, John, de que soy un militar, y pienso todo en términos  estratégicos. Yo nunca voy  a meterme en un pozo sin saber antes cómo voy a salir.
 Pero ella tenía esa potencia intelectual que permite transformar la energía en actos sin dilación. Formábamos un equipo casi perfecto. Una sola vez no estuvimos de acuerdo. Y lamentablemente después tuve que reconocer que tuvo razón.

Lamenté profundamente su muerte. Quedé muy solo, a partir de allí, ya no fui el mismo.
Ahora ella se ha aficionado mucho a Sartre, casualmente ahí están los dos, discutiendo un pasaje de: "Jean Genet, comédien et martyr", que le impresionó mucho.Claro, como acá se tiene más tiempo.


En algún sentido, lo que yo hice también fue un pecado mortal. En mi país, todos cumplían sin chistar su papel en la comedia. Hasta los izquierdistas desarrollaban una función importante, discutiendo abstracciones, sin que nada cambie.
Eso lo explicó Chesterton, y también Lampedusa: se puede seguir en la misma calesita pendular toda la vida.
No hicieron falta exhortaciones grandielocuentes al sentido de la historia, ni hacer correr ríos de sangre. Con mostrar a los invisibles, e invitarlos a la mesa, fue suficiente para desatar las iras de lo establecido. Ahí me saltaron todos al cuello.
¡Hasta los que lloraban viendo al Potemkin, no soportaban el asco de estar frente a un cabecita negra!
 Y sí, tengo que reconocer, como dijo aquel gordito, que me transformé por eso, en un hecho maldito.

-Personificar algún cambio es peligroso...-Dijo/pensó John.
-Mire John-repuso Don Juan,
-Usted puede transitar por allá abajo siguiendo el camino establecido.
Hacer lo que ya hicieron otros, incluso ser el mejor, y va estar tranquilito, no va tener mayores problemas. Pero este entramado de la realidad va a quedar intacto.
Y lo archivarán despues con un número estadístico.

Ahora, si usted hace saltar los tapones, probablemente cuando venga para acá lo despidan multitudes.
Cómo a usted, como a mí.
Como al que esperamos.


-¡Don Juan, me parece que es él.
 Ese morocho de rojo con boina, que se acerca!

-¡Querido amigo, que placer por fin estrechar su mano!